El mundo de las dos ruedas sigue siendo muy minoritario entre los videojuegos lanzados y con muy pocas excepciones, apenas hay alternativas. El Ride 6 se convierte con ello en un juego único para los amantes de las motos que no quieren quedar reducidos a MotoGP. No hay alternativas reales, así que cada nueva entrega de Milestone acaba asumiendo más responsabilidad de la que tal vez le tocaría en otro contexto. Después de varias horas jugando en PC, la sensación es bastante clara desde el principio: es el Ride más completo hasta ahora, pero también el más continuista.
El primer impacto es el contenido, ya que hay muchas opciones, muchas motos y muchos circuitos. Más de 300 motos, circuitos de todo tipo y disciplinas que no se limitan a lo más clásico. Hay scooters, bagger, adventure… y eso se agradece en pos de una mayor diversidad. El modo trayectoria, Ride Fest, intenta dar orden a todo ese volumen con una estructura tipo festival (que se limita a animaciones tras cada carrera con el podio en un escenario) encadenando eventos y pruebas con cierta progresión. Funciona, aunque no siempre al mismo nivel.
Porque el problema no es la cantidad, sino cómo se reparte. Hay bloques que entran muy bien, que te enganchan sin darte cuenta, y otros en los que avanzas más por necesidad para desbloquear otros que por interés. Te ves corriendo pruebas que no te apetecen especialmente solo para desbloquear lo siguiente. Al menos en nuestro caso, esta situación ha aparecido varias veces a lo largo del modo carrera.

El Ride 6 está preparado para ofrecer mucha variedad y entretenimiento
Dentro de esa estructura, eso sí, hay momentos que destacan más de lo esperado. Las pruebas con baggers, por ejemplo, son muy divertidas y llamativas. No es lo que uno se espera de entrada en un juego de motos, pero te obligan a adaptarte y eso las hace todo un reto. Lo mismo pasa con otras disciplinas como el flat track. En esta variabilidad es donde el Ride 6 brilla.
Curiosamente, muchas veces se disfruta más en esas pruebas y en otras con motos más pequeñas que con las motos más potentes y brutales. Correr con una Italjet Dragster o meterte en flat track con una Forza 750 o una ADV350 tiene más gracia de lo que puede parecer.
En la propia conducción de las motos es donde el Ride 6 muestra más claramente sus dos caras. Por un lado, ha mejorado respecto a entregas anteriores ligeramente. Se nota más peso, más inercia, más trabajo en la transferencia de masas. Pero por otro, sigue teniendo reacciones y movimientos no demasiado pulidos, como en las frenadas cuando parece que la rueda trasera nunca apoya y siempre va completamente suelta.
Una vez que le coges el truco, es realmente divertido, sobre todo con algunas motos. Hacer buenas trazadas y sobre todo ser suave tiene siempre recompensa. Si quieres hacer todo de manera extrema y al límite, las cosas no suelen salir bien, pero si vas fluido ganas mucho terreno frente a los rivales, que no siempre van por donde toca pero que sí permiten ir en grupo de manera mejor que en otros títulos.

Aunque no es un simulador, con las motos grandes hay que afinar mucho si se quiere ir rápido
El sistema permite ajustar ayudas y el comportamiento de la moto, lo que cambia bastante la experiencia. En un punto más accesible se deja jugar sin ninguna complicación. En configuraciones más exigentes, la cosa cambia. Aparece una conducción más técnica, más dependiente de lo que haces en cada momento sin ser realmente un simulador.
Hay detalles que terminan pesando. Las salidas, por ejemplo. El embrague no tiene función real y hay cierto lag en la respuesta tras apagarse el semáforo. Además, encontrar las mismas opciones de electrónica en todas las motos no tiene mucho sentido. Poder configurar los niveles de freno motor, mapa de potencia, antiwheelie, ABS o control de tracción tanto en una Superbike como en una moto de supermotard es un tema en el que se debería trabajar de cara a futuras ediciones para dotar al juego de un mayor realismo.
Un punto muy interesante y bien resuelto es el del nivel de la IA, ya que hay carreras en las que los rivales cometen errores, fallan en frenadas, se caen, incluso se salen del asfalto. Además de darle un toque realista, le da un toque de imprevisibilidad que hace que nunca tires la toalla, ya que en la última vuelta el rival al que vas persiguiendo puede caerse dejándote la victoria en bandeja.
En cuanto a los escenarios, la mayoría de circuitos están bien hechos y dimensionados, sobre todo los que son reales. Tal vez alguno más sería bien recibido, pero hay para todos los gustos y niveles. Desde Valencia hasta el Red Bull Ring pasando por Mugello o Portimao.
Multitud de escenarios y modalidades dan vida al Ride 6
En lo técnico, el juego en PC funciona con solvencia a nada que tengas un equipo mínimamente competitivo. No hay problemas destacados de rendimiento y el uso de Unreal Engine 5 deja un apartado visual correcto, con muy buen nivel de detalle en motos y algo más discreto en los circuitos. El sonido, en cambio, se queda algo corto en algunos casos. Los motores no siempre tienen la diferenciación que cabría esperar entre modelos, y eso en un juego de motos es importante.
Donde el Ride 6 sigue destacando es en la personalización. Hay margen para ajustar prácticamente todo lo relacionado con la moto, tanto en lo mecánico como en lo estético. Configuración de suspensiones, electrónica, comportamiento… y claro, mejorarla con componentes más especiales que hacen que sea más rápida.
En definitiva, el Ride 6 es un juego que con sus carencias, es capaz de entretener muchas horas y que puede engancharte si buscas esa variabilidad de ir saltando entre especialidades que tan bien saben plasmar en Milestone. Tal vez no sea una revolución respecto a sus predecesores, pero sí ha dado pequeños pasitos en algunos sentidos. Desde luego, más que suficiente para pasarlo muy bien con él hasta que salga su relevo.







