A comienzos de los 2000, las grandes dos tiempos estaban perdiendo terreno con rapidez. Honda había puesto fin a la CR500, la Kawasaki KX500 afrontaba sus últimos años y las cuatro tiempos comenzaban a dominar buena parte del panorama off-road. En ese contexto apareció una moto que parecía ir justo en dirección contraria: la ATK 700 Intimidator.
El nombre ya daba pistas, aunque la cifra real era ligeramente inferior. Su monocilíndrico de dos tiempos tenía 685 cc y entregaba 78 CV, una potencia brutal incluso hoy si se tiene en cuenta que la moto pesaba sólo 238 libras en seco, unos 108 kg. ATK la introdujo dentro de su gama a comienzos de aquella década y la mantuvo, de forma intermitente y en volúmenes muy pequeños, durante varios años.
Desde luego, la Intimidator no era una moto normal y precisamente en esa brutalidad estaba su principal atractivo. ATK llevaba años trabajando en proyectos minoritarios -muchas veces alejados de lo que ofrecían los grandes fabricantes japoneses- y la Intimidator encajaba perfectamente en esa filosofía. Frente a unas 500 2T que ya empezaban a parecer cosa del pasado, la firma estadounidense subió todavía más la cilindrada y construyó alrededor de aquel motor una auténtica moto que no estaba al alcance de cualquiera.

685 cc, un cilindro y cinco marchas
Para cumplir con sus 685 cc d capacidad, este motor contaba con unas cotas internas de 100 x 87 mm. El propulsor, refrigerado por líquido, utilizaba un carburador Keihin de 39 mm, válvula de escape y un cambio de cinco velocidades. También mantenía el arranque a pedal, acompañado por un sistema de descompresión para facilitar la puesta en marcha.
La mecánica tenía origen Maico, una dato importante para entender de dónde salía semejante cilindrada en plena retirada de las grandes 2T. ATK incorporó estos motores a su proyecto Intimidator y ofreció también una variante de 616 cc, denominada 620, que declaraba 76 CV. La diferencia de potencia máxima entre ambas era pequeña pese a los casi 70 cc adicionales de la 700.
De esta manera, el planteamiento de la versión «grande» no giraba únicamente alrededor de conseguir una cifra de potencia superior. Con semejante cilindrada en un único cilindro de dos tiempos había mucho motor disponible desde abajo y las impresiones de la época hablan de una respuesta que permitía aprovechar marchas largas sin necesidad de llevar constantemente el propulsor al límite.

Una relación peso/potencia espectacular
Las cifras del motor son suficientes para poner los pelos de punta a cualquiera, pero la relación entre potencia y peso es lo que mejor explica la personalidad de la Intimidator. ATK anunciaba 78 CV para una moto de apenas 108 kg en seco, sin control de tracción, mapas de motor ni ninguna de las ayudas electrónicas habituales en una moto actual de prestaciones elevadas. Simplemente la muñeca para controlar el giro del acelerador.
La parte ciclo tampoco se quedaba atrás para hacer de la Intimidator una moto interesante. Montaba una horquilla invertida WP de 48 mm, amortiguador Reiger, embrague hidráulico y frenos Brembo, con un disco delantero de 260 mm y otro trasero de 220 mm. El recorrido de suspensión era de 305 mm delante y 320 mm detrás, mientras la distancia libre al suelo era de 356 mm.
El asiento se encontraba a 945 mm del suelo y la distancia entre ejes era de 1.486 mm. Estas cotas eran propias de una máquina creada para desenvolverse fuera del asfalto y muy alejadas de la intención de hacerla accesible para un uso cotidiano. Entre las opciones para los propietarios estaba incluso un kit para convertirla en una supermotard.

ATK llevaba años haciendo las cosas a su manera
La aparición de una moto como la Intimidator resulta menos extraña cuando se repasa la trayectoria de ATK. La compañía fue fundada por Horst Leitner -ingeniero y antiguo piloto austriaco establecido en Estados Unidos- y construyó buena parte de su identidad alrededor de soluciones técnicas poco habituales.
El propio nombre ATK procedía de un sistema desarrollado para reducir la influencia de la tensión de la cadena sobre el funcionamiento de la suspensión. Con el paso de los años la empresa produjo motos de enduro, dirt-track y supermotard, además de trabajar en prototipos y plataformas para otros fabricantes. En 2002 incorporó a su historia los modelos Intimidator 700 y 620.
Un año después, ATK también adquirió los activos de la división Powersports de Cannondale y los trasladó a sus instalaciones de Utah. Era una compañía pequeña comparada con los grandes fabricantes, pero durante aquellos años mantuvo una actividad muy singular dentro de la industria estadounidense.

Una moto cara, escasa y difícil de encontrar
La Intimidator nunca estuvo planteada como una moto de grands tiradas con numerosas unidades producidas. Tampoco era nada barata teniendo en cuenta los precios que había hace más de 20 años, con un coste de 9.995 dólares. Esta era una cifra elevada para una moto de campo en esa época, puediendo además elegirla con algunas opciones que la llevaban a un mayor precio de venta.
La escasez de unidades producidas ha contribuido a que hoy sea una moto desconocida incluso entre quienes recuerdan bien la época de las CR500 y KX500. Aquellas japonesas acabaron convertidas en símbolos de una generación de motos de campo de gran cilindrada, mientras la ATK apareció cuando esa fórmula ya estaba desapareciendo y llevó el concepto todavía más lejos, convirtiéndose en una de las motos offroad más especiales y únicas que se han producido nunca.











