Tener una enfermedad ya es una mala noticia en sí, pero dependiendo de cuál sea, sus efectos pueden ir más allá de la propia salud. Desafortunadamente, hay una serie de enfermedades que impiden conducir al estar consideradas peligrosas por sus síntomas, que podrían acabar generando situaciones de peligro para el propio conductor o para el resto de usuarios de la vía.
Si padeces alguna de estas enfermedades y no tienes un informe médico favorable que te autorice a conducir, podrías enfrentarte a sanciones económicas importantes y, además, a quedarte sin la cobertura del seguro en caso de accidente. Como confirma Cleverea, te arriesgas a acabar con multas de hasta 6.000 euros y además problemas legales con el seguro, que no se hará responsable de los daños personales aunque sí cubra la responsabilidad civil.
Estos problemas posibles que puedes sufrir ya son suficientes para tener claro cuáles son las enfermedades que impiden conducir y actuar con responsabilidad. Ya sea por seguridad propia o por la de quienes nos rodean, es importante asegurarse de que nuestras condiciones de salud son compatibles con la conducción antes de salir a la carretera.
Estas son las principales enfermedades que impiden conducir
Enfermedades cardiovasculares
Si llevas marcapasos o desfibrilador, tras un infarto o cualquier síndrome coronario, es necesario guardar reposo y luego presentar un informe médico que garantice que puedes volver a conducir sin riesgos.
Problemas de visión
La vista es clave al volante. Una agudeza visual inferior a 0,5, aunque uses gafas o lentillas, supone una de las enfermedades que impiden conducir legalmente. También deberás tener cuidado tras cirugías oculares: un mes de espera y chequeo posterior son obligatorios.
Problemas de audición
Una pérdida auditiva combinada superior al 45% entre ambos oídos, medida mediante audiometría, es suficiente para impedirte obtener o renovar tu carnet de conducir. Incluso con audífonos, deberás contar con un informe favorable.
Enfermedades cardiovasculares
Si llevas marcapasos o desfibrilador, tras un infarto o cualquier síndrome coronario, es necesario guardar reposo y luego presentar un informe médico que garantice que puedes volver a conducir sin riesgos.
Enfermedades del sistema nervioso y muscular
Epilepsia, trastornos neuromusculares o pérdidas de equilibrio son incompatibles con la conducción sin supervisión médica. Aquí, los permisos de conducir suelen tener una validez más corta, de hasta cinco años como máximo.
Enfermedades hematológicas
Trastornos como la anemia severa pueden provocar mareos, cansancio y pérdida de conocimiento. Dependiendo de la gravedad, podrías estar hasta un año sin poder renovar el permiso de conducción.
Enfermedades renales
Pacientes sometidos a diálisis o trasplante renal deberán presentar informes favorables y esperar tiempos de recuperación específicos. Otra causa habitual dentro de las enfermedades que impiden conducir si no se cumple con los requisitos médicos.
Enfermedades respiratorias
El síndrome de apnea del sueño es especialmente vigilado: necesitarás controles frecuentes y un informe positivo para renovar tu carnet, con periodos máximos de vigencia de dos años.
Enfermedades metabólicas y endocrinas
La diabetes, sobre todo si requiere insulina, obliga a llevar informes actualizados. También enfermedades de tiroides, glándulas suprarrenales o casos de hipoglucemias graves entran en el grupo de enfermedades que impiden conducir.
Trastornos mentales y de conducta
Esquizofrenia, trastornos de ánimo, disociativos o demencias pueden condicionar seriamente la capacidad de conducción. Un informe favorable será imprescindible para mantener el carnet activo, con renovaciones más frecuentes.
Problemas del sistema locomotor
Finalmente, cualquier anomalía física que impida una correcta posición de conducción, visibilidad adecuada o manejo seguro del vehículo también forma parte del grupo de enfermedades que impiden conducir.
Además de todos estos aspectos médicos, recuerda que si conduces sin cumplir las condiciones legales —es decir, sin el informe favorable correspondiente—, además de arriesgarte a una multa económica importante, te juegas que tu seguro no cubra los daños en caso de accidente. Y eso sí que puede salirte muy, pero que muy caro.



