domingo, agosto 9, 2026
MITT MOTORS

Sale a la venta una Suzuki GSX-R400 de 1993 que recuerda la época salvaje de las 400 japonesas

Hubo una época en la que las deportivas japonesas de 400 cc eran mucho más que versiones pequeñas de motos mayores. En Japón, las normas de acceso al carné y la categoría TT-F3 empujaron a las marcas a desarrollar modelos muy serios en esa cilindrada, con soluciones técnicas que hoy siguen llamando la atención. De todas las protagonistas de aquellos años y de entre los modelos de cuatro tiempos, una de las más llamativas es la Suzuki GSX-R400.

Si viajamos en el tiempo, la primera GSX-R400 nació en la primera mitad de los años ochenta con un motor de cuatro cilindros en línea que contaba, obviamente, con refrigeración líquida, distribución DOHC y cuatro válvulas por cilindro. Con esta configuración era capaz de estar en la línea o incluso por encima de las 2T, con una potencia de 60 CV pero sin renunciar al resto de elementos que podíamos ver en la NSR250R o la RGV 250 con la que, por cierto, guarda parecidos.

Así que con esa potencia, un peso contenido, chasis de aluminio, inspiración en las carreras y unos frenos más que razonables para la época la acogida fue espectacular. En 1990 llegó la evolución GK76A, una generación que introdujo cambios importantes. Curiosamente, su chasis de aluminio de doble cuna podía parecer menos moderno que el doble viga del modelo anterior, la GK73, pero el conjunto recibió mejoras importantes en otros apartados: horquilla delantera invertida, mejores frenos, llantas de 17 pulgadas en ambos ejes, escape 4-1, una carrocería completamente nueva y un motor capaz de entregar 59 CV a 14.500 rpm.

Aunque es una moto de hace 30 años, lo cierto es que la línea sigue siendo espectacular
Aunque es una moto de hace 30 años, lo cierto es que la línea sigue siendo espectacular

Una 400 muy especial, aunque este ejemplar necesita trabajo

El ejemplar que ha salido a la venta a través de Iconic Motobike corresponde precisamente a una Suzuki GSX-R400 GK76A de 1990. La ficha del anuncio identifica la unidad con el número de bastidor GK78A106963 y motor K709-105871, aunque llama la atención esa referencia GK78A en el número de bastidor frente a la denominación habitual GK76A del modelo. La moto fue adquirida por su actual vendedor en octubre de 2022 a través de una subasta de Iconic Motorbikes, pero nunca llegó a titularse a su nombre.

El odómetro marca 13.002 kilómetros y durante la actual propiedad apenas se han recorrido 20 kilómetros. A simple vista, los datos podrían hacer pensar en una unidad muy interesante para coleccionistas de deportivas japonesas, pero el informe mecánico deja claro que no se trata de una moto lista para usar sin más.

Ikono Honda

Antes de ponerla a la venta se realizó una inspección de seguridad y se instaló una batería nueva. El motor arranca, pero funciona mal y lo hace sólo en tres cilindros, por lo que se recomienda una revisión de carburadores. También se indica una fuga en el grifo de gasolina, una posible pérdida de aceite cerca de la culata y la necesidad de revisar los cables del acelerador.

A pesar de los años, tiene muy pocos kilómetros
A pesar de los años, tiene muy pocos kilómetros

La horquilla izquierda pierde aceite y los frenos delantero y trasero han dado alto contenido de humedad en el líquido. Además, faltan gomas y tornillería para sujetar correctamente el depósito bajo el asiento. En el apartado estético también hay daños, entre ellos un plástico delantero inferior deteriorado y un arañazo en la quilla derecha.

La parte interesante está en algunas modificaciones instaladas. Esta GSX-R400 monta carburadores Keihin de compuerta plana con trompetas de admisión y un escape Auto Rimessa/Racin’ Function, elementos que encajan con el carácter rabioso de aquellas pequeñas deportivas japonesas. Los neumáticos son unos Michelin Pilot Power 2CT en medidas 120/60-17 delante y 160/60-17 detrás.

Actualmente la moto se encuentra en Panorama City, California, y se ofrece con matrícula de California. No es una unidad perfecta ni pretende aparentarlo. Precisamente por eso resulta atractiva desde otro punto de vista: conserva la esencia de una época en la que las 400 japonesas recibían una atención técnica enorme, pero también exige el trabajo necesario para devolverla a un estado acorde con lo que representa.

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