Casco: Ruroc EOX Ignis.
En los últimos años, MITT ha pasado de ser una firma centrada en motos de acceso y scooters básicos a dar saltos de calidad y de categoría cada vez más visibles. Modelos como la TT 125 o la MAX-T siguen teniendo su espacio en la gama, pero el rumbo de la marca está cambiando con modelos cada vez más ambiciosos. La MITT 775R es la culminación de ese proceso, convirtiéndose en la moto más potente y avanzada que han lanzado.
Este modelo no solo aumenta la cilindrada respecto a lo visto antes de la mano del motor que también emplea la GT-K, también refleja la intención de la marca de Jets Marivent de competir en un terreno donde la diversión y la calidad importan tanto como el precio.
El lanzamiento de la 775R demuestra que la marca española quiere ofrecer algo más que motos utilitarias y quiere pelearse con otras marcas en crecimiento sin ningún complejo. La idea con esta deportiva es la de hacerlo con una moto completa, atractiva visualmente y que supone un gran paso adelante en su historial.
La MITT 775R es la primera deportiva de media-alta cilindrada de la marca
El corazón de la MITT 775R es un bicilíndrico en paralelo de 82 CV de potencia, con un calado a 270 grados que condiciona por completo su carácter. Debajo de las 4.000 rpm puede parecer tranquilo, pero en cuanto pasa ese rango la respuesta se vuelve mucho más viva, estirando hasta las 9.000 con ganas.
En su desarrollo ha participado Suter Racing, un nombre reconocido en competición, aportando su conocimiento para que el propulsor trabaje de una manera correcta. La gestión electrónica corre a cargo de Bosch, lo que siempre es una garantía de buen funcionamiento.
El resultado es un propulsor que transmite sensaciones. Recuerda a las deportivas clásicas que pedían llevarlas altas de vueltas para sacarles el máximo jugo. No es un motor pensado para rodar relajado, sino para disfrutar de la zona alta del cuentavueltas. Tal vez el principal punto de mejora para las próximas evoluciones sea el de mantener un poco más contenidas las vibraciones, que se sienten sobre todo por debajo de esas 4.000 rpm.

Una parte ciclo que brilla y es la protagonista de la MITT 775R
En un punto más elevado y con un comportamiento impecable, el apartado ciclo de la 775R es realmente su protagonista al margen de la estética tan marcada y agresiva. El chasis de aluminio junto al basculante monobrazo del mismo material logran un equilibrio que permite aprovechar las capacidades de la moto al máximo. Su comportamiento es ágil en curvas cerradas y cambios de dirección sin perder la estabilidad en las curvas rápidas o en autopista, lo que la hace polivalente y divertida a la vez.
Las suspensiones firmadas por KYB cumplen con nota. La horquilla invertida y el amortiguador trasero ofrecen buen comportamiento desde el primer momento, con ajustes de precarga y extensión que permiten personalizar el tacto. Para un uso exigente puede endurecerse, pero de serie ya transmite seguridad y trabajan de forma impecable.
La frenada está a la altura y además deja ver otra muestra de componentes de calidad. Dos pinzas radiales Brembo de cuatro pistones delante y una bomba radial de la firma italiana aportan una mordida perfecta y un buen tacto propio de un equipo como este. El resto lo ponen los neumáticos Michelin Power Sport que monta la deportiva de la firma española y que aportan un elevado nivel de confianza y de agarre. Además, cuenta con un sistema ABS Bosch que garantiza la seguridad.

Diseño con sello italiano y personalidad
El otro punto en el que más potente es la MITT 775R es el de su línea. Su estética lleva la firma del estudio Marabese, conocido por haber dibujado algunas de las motos más recordadas de Europa. Basta con mirarla para ver unas líneas marcadas, afiladas y bien medidas que le dan presencia sin perder el toque elegante.
El frontal, presidido por un faro LED en forma de rombo, actúa casi como una carta de presentación. En el lateral, las tiras luminosas con el nombre de la marca aportan un guiño moderno y reconocible. El colín corto y el carenado que envuelve buena parte de la moto refuerzan esa silueta compacta y musculosa que, pese a lo agresiva, mantiene coherencia en el conjunto.
Su diseño apuesta por una identidad propia, donde conviven la deportividad italiana con una cierta elegancia que no siempre se ve en este tipo de motos. El toque del basculante monobrazo que deja al descubierto un lado de la llanta trasera acaba de rematar la presencia de la 775R.

Postura deportiva pero no radical
El asiento está situado a 790 mm del suelo, una cota que permite llegar bien al suelo con una estatura poco superior al 1,70, siendo una moto accesible en ese sentido. Una vez encima, la posición está cargada hacia adelante como es lógico en una moto deportiva, pero no llega a forzar una posición cargante. Los semimanillares no están demasiado bajos y eso se agradece.
Las estriberas, algo elevadas y retrasadas, cumplen con lo esperado en este tipo de motos. El asiento, firme y compacto, recuerda al de una moto de circuito, más pensado para moverte con facilidad entre curvas que para hacer viajes largos. Aun así, no es un asiento incómodo, teniendo también un toque estético atractivo.
El depósito, estrecho en la zona de contacto, permite acoplar las piernas de forma natural y facilita meterse tras la cúpula cuando quieres adoptar una posición aerodinámica. Esta cúpula no cubre excesivamente, pero si te acoplas bien puedes quedar prácticamente protegido del viento.

La MITT 775R apuesta por lo práctico sin florituras
El apartado del equipamiento de la MITT 775R es tan válido como el resto de aspectos, ofreciendo lo que se necesita y apostando por lo pragmático para huir de elementos más superfluos.La instrumentación corre a cargo de una pantalla TFT de 5 pulgadas, clara y de fácil lectura. A través de la aplicación Carbit Ride se puede enlazar con el móvil y consultar datos o utilizarla para reflejar la pantalla del móvil, algo que en el día a día resulta más útil de lo que parece.
Por la noche, las piñas retroiluminadas reflejan las funciones de los botones y la toma USB permite cargar un dispositivo sin complicaciones, un detalle que se agradece especialmente en rutas largas. A todo esto se suma un sistema keyless que facilita el arranque, aunque para abrir el depósito todavía se mantiene la clásica llave plegable.
Además, la moto incorpora sensores de presión en los neumáticos, un detalle que siempre es bienvenido. Lo único que se echa en falta es un control de tracción o incluso modos de conducción seleccionables, pero no hay que olvidar que contando con los componentes de marcas como Brembo, Bosch o Michelin, su precio es contenido. Con tres años de garantía, un año de seguro a terceros de regalo y tres opciones de color -amarillo, rojo y verde- la MITT 775R está disponible en los concesionarios de la marca por 7.495 euros.












